El 4 de Julio salí a alimentar perritos de la calle (una actividad que realizaba en diferentes grupos de la zona donde vivo), aquel día llegamos a una zona donde habían puros perros y gatos en un estado de abandono a pesar de tener dueños.
Llevé paté y croquetas para gatos ya que la mayoría del grupo suele llevar croquetas de perros.
Aquel día un gatito anaranjado fue quien se acercó mientras sus hermanos se alejaban por miedo a las personas. Dejé croquetas y él las comía, quise coger a alguno de esos gatitos huraños para llevármelo a casa y no se dejaban, creí que el anaranjado podría conseguir dueño por ser dócil.
En una parte de ese momento me detuve a acariciar a aquel gatito anaranjado y cochinito, estaba flaco pues le sentía los huesos, él sumamente cariñoso recibía mis caricias y pude ver que su boquita no estaba bien, tenía la mandíbula desviada y eso me preocupó y a la vez me dolía saber que así había comido sus galletitas.
Decidí llevármelo, lo metí a una caja pero él se desesperó entonces lo metí a mi mochila y se dejó mover así, siempre mirándome y algo asustado.
Llegué a casa y él se escondió, cuando lo encontré lo bañé y se volvió más bello, parecía gordito por lo peludo pero si lo tocaba sentía huesitos.
Lo llevé al veterinario, ese día comenzó un tratamiento para el dolor e inflamación, pasó placas y otros exámenes en los días siguientes.

Se me ocurrió llamarlo Aramis y mi novio le dijo Milos, al final quedó con los nombres de Aramis Milos.
Mi hijo pasó por varias veterinarias para recibir tratamientos, nunca le gustó entrar a un transportador, si lo ponía dentro de uno él empujaba su nariz hasta hacerla sangrar, decidí dejar medio abierto el transportador y así se dejaba llevar tranquilo.
Tenía la mandíbula rota y con infección, tenía ácaros en las orejitas y estaba hueso y pellejo e infestado de pulgas.
El día que lo encontré, él me lanzó la mirada más tierna que jamás he visto, sus patitas las movía como haciendo masajes y esto me empujó a sacarlo adelante. Ese día comió paté, comió un montón, también gritaba de dolor y sacudía su cabeza, con los tratamientos en los días siguientes eso no sucedía tan seguido, él iba ganando peso, tenía mayor confianza y yo estaba a su disposición mañana, tarde, noche y madrugada.
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