En nuestro segundo día le di un paté diferente al ricocat, le di uno de atún con papaya marca origens. Aramis se comió toda la latita y pedía más, volvimos a la veterinaria y le compré más y más, aunque me salía caro (pues el precio no era nada barato) lo compré, compré también vitaminas pues tenía que verlo mejorar.
En los siguientes días fui a supermercados a conseguir diferentes marcas de paté para ver si le gustaba otro pero ninguno lo comía con tantas ganas como el de la marca origens por lo que armé un arsenal de comidas solo para él.


Sus placas presentaban la mandíbula inferior rota de un lado y esto lo tenía al parecer varias semanas por lo que terminó produciendo mal formaciones en sus dientecitos y parte de su boquita.

Había que operar, se le hizo una limpieza a esa infección antes de operarlo. Se operó en otra veterinaria, era la primera vez que tendría ese tipo de mal en alguno de mis animalitos, tenía miedo de cuidarlo mal.
La primera operación tenía buenos resultados, la anestesia le afectó pero se le fue rápido (mojó mi cama), aun con los clavos puestos Aramis comía muy bien y seguía subiendo de peso. Era muy juguetón incluso con los cables que tengo en mi cuarto pero no me preocupaba pues su boquita no tenía fuerza como para romperlos.
En este punto de la historia de Aramis empiezo a mencionarlo con "era" "fue", dejaré los detalles para el final de esta historia pues recordarlo no me permite recordar lo bonito, solo me culpo.
Después de 15 días o algo más llevé a que le retiren los clavos, yo estaba muy feliz por él, al fin podría correr libre por toda la casa como él quería.
Al volver la anestesia no le afectó tanto como cuando le pusieron los clavos en la primera operación, creí que ahí acabaría su martirio de dolor, seguía dándole sus medicamentos, mi hijo era bien renegon para tragar pastillas, si veía la pastilla empezaba a renegar, era un gatito demasiado inteligente.
Los días fueron perfectos, cariños, ambos despertábamos a las 11:00am y lo primero que hacía al verme salir de la cama era exigirme sus latas de atún con papaya.
Mis ahorros se estaban acabando y empecé a comprar hígado para darle, por suerte lo recibió bien.

A los días noté quejas en su boquita otra vez, lo veía quejarse de dolor, estaba medio fastidiado y yo ya sabía que eso requeriría otra operación.
Lo operaron por segunda vez y entró con 1.9Kg (estaba gordito, lo encontré con 0.9kg o algo menos).
Al llegar a casa la anestesia lo alocó, me tenía miedo y se volvió inquieto, me asusté demasiado y lloraba al verlo irreconocible, me arañaba, quería tirarse y me daba miedo los clavos. Su boquita no cerraba completamente y solo babeaba, el doctor me había advertido que esa operación le iba a doler por el procedimiento aplicado y me recomendó nuevos medicamentos (jarabes para dolor, infección e inflamación).
A las 11:30pm Aramis se calmó un poco, le di paté y comió casi todo, mojó mi cama (otra vez) pero ya no me importaba, total eso se lava. Aquella noche lo abracé muy fuerte pues estaba muy asustada de perderlo, su dolor me dolía, esa noche estaba muy nerviosa y le hablé que lo quería, que no podía dejarme, que yo tenía que verlo grandote (siempre le hablaba).
Al día siguiente todo empeoró, no me recibía sus alimentos ni los jarabes, le hacía comer pero no comía como antes, compré su atún con papaya favorito, le di con ilusión pensando que se trataba del paté pero no era eso, comió un poco pero lo dejó, le di sus medicamentos y solo se quejaba de dolor, esperé del 11 de Agosto hasta el 15 para llevarlo al veterinario.
En ese lapso de días, Aramis no jugaba, quería pero le dolía y solo me miraba, yo le volvía a sentir sus huesitos.
El 15 de Agosto por la madrugada desperté y Aramis no estaba dentro de mis sábanas si no encima, me asusté porque cuando lo toqué no se movió, estaba frío y no había intentado entrar en las sábanas. Lo desperté y lo metí, él giró y se tiró en mis brazos, le dije "Aramis me asustaste, pensé que te habías muerto babosito", volvimos a dormir.
Llegamos al veterinario, el camino siempre era difícil para Aramis, ese día en el veterinario la gente me preguntaba mucho por él y cómo lo encontré, Aramis solo me miraba con esos ojitos expresivos y me decía "salgamos de aquí" yo le respondía que era por su bien, quería verlo bien. Hablamos con el veterinario y nuevamente le operarían .
Ese día mientras intentaba escaparse me arañó y hasta el momento en que escribo estas líneas veo aún su cicatriz.


