jueves, 20 de agosto de 2020

Aramis Milos - Aramilos el gato parte II

Después de subir a Aramis a la cama ya que por cuenta no lo haría (se ponía nervioso) nos quedamos dormidos. 
En nuestro segundo día le di un paté diferente al ricocat, le di uno de atún con papaya marca origens. Aramis se comió toda la latita y pedía más, volvimos a la veterinaria y le compré más y más, aunque me salía caro (pues el precio no era nada barato) lo compré, compré también vitaminas pues tenía que verlo mejorar.
En los siguientes días fui a supermercados a conseguir diferentes marcas de paté para ver si le gustaba otro pero ninguno lo comía con tantas ganas como el de la marca origens por lo que armé un arsenal de comidas solo para él.

Sus placas presentaban la mandíbula inferior rota de un lado y esto lo tenía al parecer varias semanas por lo que terminó produciendo mal formaciones en sus dientecitos y parte de su boquita.


Había que operar, se le hizo una limpieza a esa infección antes de operarlo. Se operó en otra veterinaria, era la primera vez que tendría ese tipo de mal en alguno de mis animalitos, tenía miedo de cuidarlo mal.
La primera operación tenía buenos resultados, la anestesia le afectó pero se le fue rápido (mojó mi cama), aun con los clavos puestos Aramis comía muy bien y seguía subiendo de peso. Era muy juguetón incluso con los cables que tengo en  mi cuarto pero  no me preocupaba pues su boquita no tenía fuerza como para romperlos.
En este punto de la historia de Aramis empiezo a mencionarlo con "era" "fue", dejaré los detalles para el final de esta historia pues recordarlo no me permite recordar lo bonito, solo me culpo.

Después de 15 días o algo más llevé a que le retiren los clavos, yo estaba muy feliz por él, al fin podría correr libre por toda la casa como él quería.
Al volver la anestesia no le afectó tanto como cuando le pusieron los clavos en la primera operación, creí que ahí acabaría su martirio de dolor, seguía dándole sus medicamentos, mi hijo era bien renegon para tragar pastillas, si veía la pastilla empezaba a renegar, era un gatito demasiado inteligente.
Los días fueron perfectos, cariños, ambos despertábamos a las 11:00am y lo primero que hacía al verme salir de la cama era exigirme sus latas de atún con papaya.
Mis ahorros se estaban acabando y empecé a comprar hígado para darle, por suerte lo recibió bien.

 

A los días noté quejas en su boquita otra vez, lo veía quejarse de dolor, estaba medio fastidiado y yo ya sabía que eso requeriría otra operación.

Lo operaron por segunda vez y entró con 1.9Kg (estaba gordito, lo encontré con 0.9kg o algo menos).

Al llegar a casa la anestesia lo alocó, me tenía miedo y se volvió inquieto, me asusté demasiado y lloraba al verlo irreconocible, me arañaba, quería tirarse y me daba miedo los clavos. Su boquita no cerraba completamente y solo babeaba, el doctor me había advertido que esa operación le iba a doler por el procedimiento aplicado y me recomendó nuevos medicamentos (jarabes para dolor, infección e inflamación). 
A las 11:30pm Aramis se calmó un poco, le di paté y comió casi todo, mojó mi cama (otra vez) pero ya no me importaba, total eso se lava. Aquella noche lo abracé muy fuerte pues estaba muy asustada de perderlo, su dolor me dolía, esa noche estaba muy nerviosa y le hablé que lo quería, que no podía dejarme, que yo tenía que verlo grandote (siempre le hablaba).
Al día siguiente todo empeoró, no me recibía sus alimentos ni los jarabes, le hacía comer pero no comía como antes, compré su atún con papaya favorito, le di con ilusión pensando que se trataba del paté pero no era eso, comió un poco pero lo dejó, le di sus medicamentos y solo se quejaba de dolor, esperé del 11 de Agosto hasta el 15 para llevarlo al veterinario.
En ese lapso de días, Aramis no jugaba, quería pero le dolía y solo me miraba, yo le volvía a sentir sus huesitos.
El 15 de Agosto por la madrugada desperté y Aramis no estaba dentro de mis sábanas si no encima, me asusté porque cuando lo toqué no se movió, estaba frío y no había intentado entrar en las sábanas. Lo desperté y lo metí, él giró y se tiró en mis brazos, le dije "Aramis me asustaste, pensé que te habías muerto babosito", volvimos a dormir.

Llegamos al veterinario, el camino siempre era difícil para Aramis, ese día en el veterinario la gente me preguntaba mucho por él y cómo lo encontré, Aramis solo me miraba con esos ojitos expresivos y me decía "salgamos de aquí" yo le respondía que era por su bien, quería verlo bien. Hablamos con el veterinario y nuevamente le operarían . 

Ese día mientras intentaba escaparse me arañó y hasta el momento en que escribo estas líneas veo aún su cicatriz.


Después de los efectos de la anestesia en la 2da operación entró a ese cajoncito de mi armario y sus ojitos me invitaban, decía algo como "entra aquí, hay que dormir aquí"

lunes, 17 de agosto de 2020

Aramis Milos - Aramilos el gato parte I


Soy de aquellas personas que recoge gatitos o perritos abandonados, pero soy una catlover, tengo una ligera inclinación por los gatitos y es muy evidente.

El 4 de Julio salí a alimentar perritos de la calle (una actividad que realizaba en diferentes grupos de la zona donde vivo), aquel día llegamos a una zona donde habían puros perros y gatos en un estado de abandono a pesar de tener dueños.

Llevé paté y croquetas para gatos ya que la mayoría del grupo suele llevar croquetas de perros.


Aquel día un gatito anaranjado fue quien se acercó mientras sus hermanos se alejaban por miedo a las personas. Dejé croquetas y él las comía, quise coger a alguno de esos gatitos huraños para llevármelo a casa y no se dejaban, creí que el anaranjado podría conseguir dueño por ser dócil. 
En una parte de ese momento me detuve a acariciar a aquel gatito anaranjado y cochinito, estaba flaco pues le sentía los huesos, él sumamente cariñoso recibía mis caricias y pude ver que su boquita no estaba bien, tenía la mandíbula desviada y eso me preocupó y a la vez me dolía saber que así había comido sus galletitas.

Decidí llevármelo, lo metí a una caja pero él se desesperó entonces lo metí a mi mochila y se dejó mover así, siempre mirándome y algo asustado. 
Llegué a casa y él se escondió, cuando lo encontré lo bañé y se volvió más bello, parecía gordito por lo peludo pero si lo tocaba sentía huesitos. 
Lo llevé al veterinario, ese día comenzó un tratamiento para el dolor e inflamación, pasó placas y otros exámenes en los días siguientes.
Se me ocurrió llamarlo Aramis y mi novio le dijo Milos, al final quedó con los nombres de Aramis Milos.
Mi hijo pasó por varias veterinarias para recibir tratamientos, nunca le gustó entrar a un transportador, si lo ponía dentro de uno él empujaba su nariz hasta hacerla sangrar, decidí dejar medio abierto el transportador y así se dejaba llevar tranquilo.
Tenía la mandíbula rota y con infección, tenía ácaros en las orejitas y estaba hueso y pellejo e infestado de pulgas. 

El día que lo encontré, él me lanzó la mirada más tierna que jamás he visto, sus patitas las movía como haciendo masajes y esto me empujó a sacarlo adelante. Ese día comió paté, comió un montón, también gritaba de dolor y sacudía su cabeza, con los tratamientos en los días siguientes eso no sucedía tan seguido, él iba ganando peso, tenía mayor confianza y yo estaba a su disposición mañana, tarde, noche y madrugada.

Su mirada el primer día al no saber si subir a mi cama o quedarse ahí por miedo.